Renovación urbana en Madrid

Parece aconsejable recordar de vez en cuando en la disciplina urbanística que la palabra “ciudad” viene del latín civitas, el término con que los romanos llamaban a la ciudadanía. De hecho, la ciudad ha sido tradicionalmente entendida como el lugar de las relaciones sociales, donde la diversidad, densidad y proximidad de las actividades y de las estructuras han permitido a los sujetos la construcción conjunta de la experiencia humana y el acceso directo a la comunicación, al conocimiento y al progreso.

Hacer énfasis en la dimensión social de la ciudad es fundamental para entender la amplitud de muchos de los problemas que hoy tenemos en los entornos urbanos, cuyo origen no ha de buscarse únicamente en la forma urbis, sino en la compleja y frágil red de vínculos y relaciones socioeconómicos que realmente moldean la ciudad.

Es cierto que los entornos urbanos han sido tradicionalmente los lugares donde mejor se satisfacen las necesidades del hombre; en esencia, la propia acumulación, y las economías de escalas que de ella se derivan, dan pie a tal circunstancia. Pero, a la vez, no es menos cierto que las ciudades han sido el lugar en el que las propias relaciones del hombre han dado forma a una organización social a menudo poco igualitaria, conflictiva y segregadora. De alguna manera, el beneficioso efecto urbano siempre se ha visto oscurecido por la exclusión de grupos con atributos diferenciales.

En los últimos años, la dinámica señalada, lejos de reducirse, no ha hecho más que aumentar en diversas urbes de nuestra realidad más próxima (Ministerio de Fomento, España, s/f). Numerosos autores (Alguacil, 2006; Arrigada & Rodríguez, 2003; Bruquetas, Moreno & Walliser, 2005; Egea, Nieto, Domínguez & González, 2008) coinciden en señalar cómo se han ido produciendo modificaciones de las estructuras sociales, que han resultado en la emergencia de nuevos colectivos con síntomas de exclusión en varias dimensiones: en el ámbito económico, en el mercado de trabajo y en la vida política y cultural. Dichos colectivos se ven en la obligación de concentrarse en los barrios en declive económico, más degradados

Ha sido en la primera década del siglo XXI, en el marco de la prosperidad económica que atravesaba el país, cuando en España hemos asistido a la sustitución de la población original de los barrios periféricos -que ahora se identifican como barrios desfavorecidos-, por población de origen extranjero, proceso que ha ido dando forma a conglomerados sociales caracterizados por la exclusión y la falta de integración. Este espacio social se ha visto impactado también por otros factores del desfavorecimiento, como pueden ser los relacionados con el acceso a la vivienda, la movilidad (Rodríguez, 2008), el deterioro físico y ambiental, la accesibilidad o el aislamiento, que en su conjunto constituyen un problema integral de múltiples dimensiones. Entre ellas, las condiciones físicas de estas periferias, hoy con cincuenta y sesenta años de antigüedad y claros síntomas de obsolescencia, que han sido objeto de atención específica en anteriores estudios (Temes, 2007). Pero no podemos simplificar el problema sin caer en el error de pensar que solo se trata de una cuestión epidérmica de mejora de calles y plazas o del aspecto exterior de los edificios, en la confianza de un “efecto contagio” que en muchas ocasiones no llega nunca a darse. Tomando un interesante trabajo de López de Lucio (2008), a la hora de entender y abordar soluciones frente a la dimensión de estos problemas, debemos pasar del “fachadismo y la renovación del pavimento, a las actuaciones complejas e integrales de la ciudad consolidada” (p. 283). La pregunta, entonces, podría ser: ¿En qué se basan y en qué consisten estas actuaciones complejas?

Fue precisamente esta compleja realidad que caracteriza la ciudad existente, lo que llevó al Area de Gobierno de Urbanismo y Vivienda del Ayuntamiento de Madrid a trazar una serie de líneas estratégicas dentro del Programa Operativo 2007-2011, centradas en el desarrollo de un modelo de ciudad donde sean sustantivos los principios de calidad y sostenibilidad del medio urbano. La preocupación por identificar y valorar, dentro de la ciudad, áreas con disfunciones o comportamientos problemáticos, ha sido una constante en los trabajos llevados a cabo desde dicha Área. Sin embargo, estos estudios a menudo se han desarrollado de una manera muy sectorial, centrados en aspectos físicos, de gestión o de infraestructuras básicas, orillando la compleja contextualización de la realidad urbana.

A partir de aquí, la administración madrileña, siguiendo los pasos de otras iniciativas urbanas emprendidas en esta misma línea, se propuso establecer una metodología de trabajo para detectar síntomas de vulnerabilidad. Sobre la base de esta exigencia, la Dirección General de Urbanismo del Ayuntamiento de Madrid decidió diseñar un “banco de indicadores” que valorara lo que luego se entenderá como la “vulnerabilidad integral” de la ciudad consolidada. El objetivo marcado desde la Dirección General era definir una sólida estructura de indicadores que permitiese, primero, caracterizar de manera integral la situación de los distintos tejidos residenciales, para luego identificar las situaciones más problemáticas de cara a actuar sobre ellas.

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Este trabajo, luego publicado en parte en la Revista ERUE trata de ofrecer una metodología para determinar en un tejido urbano, aquellas zonas más vulnerables desde un punto de vista integral. El trabajo se desarrolló para el municipio de Madrid y luego ha sido incorporado como documento de referencia en el la Revisión del Plan General de Madrid.

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Como conclusiones de este trabajo, podemos decir que:

El 80 por ciento de los casos delimitados se encuentra situado fuera de la “almendra central” de Madrid. A su vez, es evidente la ubicación de los recintos en el sur, a partir de la denominada línea de pobreza.
Los escenarios básicos caracterizados como zonas vulnerables son, en la mayor parte de los casos, barrios de polígonos de bloque abierto, identificados en Madrid particularmente con las Normas Zonales 3.1.a y 3.2, construidos entre las décadas de los sesenta y los setenta. También son destacables los casos de las Colonias históricas.
Podemos decir, en cifras generales, que en los 145 recintos redelimitados reside un cuarto de la población de la capital y que la superficie afectada por dichas zonas abarca unas 2.000 hectáreas, algo así como el distrito de San Blas.
Con este trabajo, el Área de Gobierno de Urbanismo y Vivienda cuenta con un estudio basado en indicadores actualizados, que de forma sistemática permite dar una primera aproximación a la magnitud de la vulnerabilidad en la ciudad. Dicho análisis cumple con las exigencias establecidas en el art. 48 del Capítulo III. Eje 3: Áreas de rehabilitación integral y renovación urbana. Sección 1 y 2 del Plan de Viviendas 2009-12, en referencia a los requisitos solicitados a la Memoria – Programa para la Áreas de Rehabilitación Integral (ARIS), así como para Áreas de Renovación Urbanas (ARUS).

 

Con posterioridad en el año 2016 el Área de Desarrollo Urbano Sostenible del Ayuntamiento de Madrid ha puesto en marcha el Plan MAD-RE (Madrid Recupera), con el fin de impulsar la regeneración de la ciudad. El Plan MAD-RE se centra especialmente en las Áreas Preferentes de Impulso a la Regeneración Urbana (APIRU). La definición de estas Áreas Vulnerables Municipales se ha realizado a través de un cuatro indicadores: dos de ellos referidos a la edificación (edad del edificio y valor catastal), y los otros dos en relación a la población (porcentaje de madrileños sin estudios y porcentaje de población envejecida).

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Siguiendo estos parámetros y definidas mediante un estudio estadístico del Ayuntamiento de Madrid, se han detectado por el momento 109 Áreas Vulnerables Municipales que afectan a 1.298.326 habitantes, lo que representa el 38% de la población municipal.

Como se puede apreciar en la imagen el grado de coincidencia entre ambos estudios es bastante alto (más de un 90%). También es interesante comprobar la coincidencia con ele estudio de áreas vulnerables realizado por el observatorio de la Vulnerabilidad Española (actualización 2006)

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